La primera vez que escuché sobre las dietas altas en grasas (creo que en ese momento fue el método Grez, unos 3 años atrás), sentí 2 cosas: miedo y risa. Miedo por las personas que la realizaban (pensaba en su colesterol y en sus riñones) y risa por la locura que en ese tiempo me parecía el alimentarse de esa forma. Recuerdo que en esa ocasión la imagen que me quedó en la cabeza fue la de una persona comiendo papas fritas, completos y toda clase de comida chatarra. Y es porque en esa época cuando Pedro Grez iba a los matinales o programas de la tv siempre de fondo ponían imágenes de comida rápida cuando el hablaba sobre el tema. Más allá de la locura que me parecía lo que decían no le dí mucha importancia y seguí con mi vida.

Siempre he sido amigo de los deportes. De pequeño el fútbol era lo que me gustaba, podía pasar todo el día con mis amigos jugando, con el tiempo me di cuenta que más que el fútbol lo que de verdad me gustaba era divertirme con los amigos.

Una vez salí de la universidad, tuve que emigrar de mi querido Curicó a Santiago. Ahí la vida deportiva casi se fue a cero, los partidos de fin de semana ya no existían, los trotes de la semana tampoco por lo cansado que llegaba del trabajo y la comida comenzaba a llenar espacios en mi manejo emocional que en ese momento no dimensionaba.

El trote (o running para los millenials :D) llegó a mi vida de casualidad. Mi primer hijo iba a nacer y dentro de mi felicidad quería hacer algo que en su futuro le demostrara que si te propones algo imposible lo puedes hacer (podría haber sido también construir un transbordador espacial pero creo que sale muy caro). En ese momento la palabra maratón para mí era un imposible, el lograr comprender lo que una persona tiene que hacer para poder correr 42 km era impensado. Y aparte, yo, operado de una retinaculotomía (espero haberlo escrito bien) en una rodilla, al que le habían dicho que solo podría correr carreras de no más de 10 km, operado también de malformación de Chiari con siringomelia (la cual dejó en mi parte trasera del cuello una linda cicatriz), pensara siquiera en entrenar para algo así era imposible. La cosa es que me lancé, conocí a un gran entrenador, nació mi hijo, también mi segundo hijo y a 4 años de comenzar (varias lesiones mediante) pude correr mis primeros 42 km. Fue en la maratón de Santiago de Chile del 2018.

De ahí en adelante vinieron una serie de maratones más: Puerto Varas, Reñaca, Santiago de nuevo, Frutillar y algunas otras carreras en solitario a través de la ruta 5 sur. A pesar de todo esto había algo que me tenía intranquilo.

Siempre antes de las carreras trataba de ir a algún médico y pedía que me hicieran la batería de exámenes clásicos. Perfil lipídico, hemograma completo, orina, etc. ¿Y que veía? Que a pesar de todo el entrenamiento (6 veces a la semana), a pesar de que se suponía ya no consumía azúcar, de que ya tenía los 2 libros de Connie Achurra de alimentación saludable, de que mis snacks eran solo frutos secos, siempre los resultados de los exámenes iban al alza en los indicadores que más miedo me daban: colesterol y glucosa.

Las recomendaciones de los profesionales que me veían eran siempre las mismas, come ms veces al día, menos cantidad, prefiere harinas integrales, no comas grasas y sobre todo una semana antes de la carrera “cárgate” de carbohidratos, come tallarines, papas, pan. Cosas que llenen tus músculos de glucógeno para que no te vaya a dar una baja de azúcar. Era “talibán” en las recomendaciones, las seguía al pie de la letra, pero siempre la tendencia era al alza.

Otra cosa que notaba era que mi hambre cada vez era mayor. Habían días en los que era capaz de sentarme y comerme 4 panes como si nada, en los que todo el día andaba picoteando los queque (de harina integral claramente) que hacía, una bolsa se frutos secos me duraba nada. Y por supuesto, era como una piraña para las frutas.

Con el tiempo logré poder trabajar ciertos días desde mi casa, así que partimos a vivir de vuelta a Curicó. Entrenaba y seguía comiendo igual. Por esto mismo tuve que quedarme 3 días seguidos en casa de unos amigos. Recuerdo que les llevé de regalo un pote de la mejor miel de mi zona (después entenderán esta referencia), la cual amablemente aceptaron y guardaron. Recuerdo la primera mañana de desayuno ellos me “advierten” que no comían pan y que el desayuno era café, huevos con tocino y palta. Lo encontré un poco “extremo” pero que le iba a hacer si era el huésped :D.

Una cosa que me pareció extraña ese día fue que en todo el día no sentí hambre, la energía estuvo perfecta y mi concentración nunca falló. Fue tanto mi asombro que en la noche lo comenté con mis amigos y ahí ellos me dijeron “su verdad”. Llevaban un tiempo practicando el método Grez. Yo había notado que ellos estaban más delgados, pero nunca lo había asociado a eso.

Quise que me contaran un poco más de qué se trataba. Lo que hicieron fue pasarme el libro de Pedro Grez y que yo tomara cualquier decisión. Lo leí y encontré demasiado interesante lo que planteaba. Todas las cosas comenzaron a tener sentido y quise ponerlas en práctica. Así que comencé. Mi última glicemia había arrojado que estaba a punto de ser pre-diabético (99) y tenía mucho miedo de lo que venía, así que cualquier posible camino que pudiera seguir me servía.

A los 2 días de eliminar carbohidratos de mi vida comencé a sentir la “keto flu”. Una noche pensé que me moría de una taquicardia que pensé que tenía, me medí los latidos y presión y estaban perfectos. Con el tiempo comprendí que eran solo los síntomas de adicción que se presentan por eliminar los carbohidratos.

Tres semanas después, me volví a hacer exámenes, los mismos, y los resultados fueron alentadores, mis triglicéridos habían bajado, mi colesterol HDL subió y el LDL bajó, la glucosa estaba en 87. Pero otra cosa que no esperaba, mi masa muscular había subido medio kilo y mi peso había bajado en 3 kilos. Mi reacción fue de sorpresa, una agradable sorpresa y me animó a seguir por ese camino. En ese período (agosto) tenía programada una maratón en Frutillar. Había buscado sin mucho éxito experiencias de maratonistas que hicieran dietas altas en grasas y bajas en carbos. Así que como el método grez me permitía comer carbohidratos después de las 6pm (por el ciclo circadiano), antes de la carrera comía algo de lo que no debía. Durante la carrera me sentí bien, aunque igual tomé gatorade, comí geles y fruta. Recuerdo tuve calambres alrededor del km 28 y de ahí en adelante fue un sufrimiento. Logré terminar y tuve una recuperación relativamente buena.

Seguí comiendo igual hasta octubre, donde nuevamente me hice exámenes ya que tenía una carrera en diciembre. Acá arrojaron algo nuevo, mi glicemia había llegado a 100 (nuevamente pre-diabético), mi colesterol LDL había subido y los triglicéridos habían subido un poco también. Mi primera reacción fue enviarle esos exámenes a mi doctor, el cuál me dijo que eran posiblemente un rebote del método Grez. Pero, por otro lado, yo me sentía muy bien, mi energía era constante, mis entrenamientos cada vez eran mejores. Así que mi decisión fue seguir investigando y por el momento dejar en pausa al doctor (no se lo dije claramente).

Durante este proceso corrí una tercera maratón (diciembre) en la que pasaron varias cosas: No me dieron calambres, no tuve bajas de energía, solo consumí la mitad de los geles que antes (siempre eran cada 5 km ahora fueron cada 10), solo consumí 2 plátanos (antes eran mínimo 4), pero lo mejor fue la recuperación, a las 2 horas de terminar no tenía ningún dolor muscular, las articulaciones claramente estaban un poco resentidas, pero los músculos estaban perfectos. Cada vez menos entendía qué me estaba pasando, ¿cómo era posible que me sintiera tan bien, pero mis números en teoría estuvieran mal?

Durante mi búsqueda de información y conocimiento me encontré con cierto caballero que me habló de la alimentación cetogénica. Había escuchado y leído algo después de seguir el método Grez, pero nuevamente me sonaba un poco “extrema”. Con el pasar de los tweets este señor me hizo una invitación a unirme a la comunidad de LowCarbChile en donde se suponía que me podían guiar y enseñar cosas sobre alimentación y posiblemente encontrar respuestas a algunas preguntas que tenía. A modo de anécdota recuerdo que en una de nuestras conversaciones me plantea que para qué tomaba Gatorade durante mis carreras si solo necesitaba agua y sal (aunque si era biosal era mejor porque tenía más potasio); chocante fue por decirlo menos.

Comencé a entender que las grasas pueden transformarse en energía. Que nuestro cuerpo está optimizado para trabajar con ellas. Que las proteínas también pueden transformarse en glucosa. Que el lactato que se produce en los músculos, el cuerpo está diseñado para volver a procesarlo y volver a crear glucosa. Que los carbohidratos no son necesarios en nuestro cuerpo. Que producen adicción. Que la mejor forma de obtener vitaminas, si no eres vegano o vegetariano, no son las verduras, sino los interiores. Que la masa muscular no se pierde cuando no consumes carbohidratos. Que no necesitas nada más que agua y sal para hacer ejercicio. Que tus riñones no van a sufrir si comes muchas proteínas sino que sufren cuando comes carbohidratos. Que es muy probable que tu rendimiento deportivo decaiga dentro de los primeros 3 a 6 meses después de dejar los carbohidratos, pero que después vuelves con mejores resultados. Que el colesterol “malo” LDL en realidad es necesario para el cuerpo, pero que cuando viene de carbohidratos y almidones es peligroso. Que la sal es uno de los alimentos más importantes. Que la fibra no es un alimento fundamental. Que los pacientes con problemas respiratorios necesitan menos tiempo los respiradores mecánicos cuando consumen dietas bajas en carbohidratos y almidones. Que la glucosa de 100 en la mañana para alguien con esta alimentación tiene sentido y no es indicador de algo malo. Que la hiperinsulinemia es un gran problema escondido. etc.

La Ultramaratón

Con toda esta información en mi cabeza, creo era momento de ponerla en práctica. Dentro de mi calendario de carreras un objetivo siempre había sido correr más de 42 km. El término “Ultramaratonista” suena lindo :D. Pero más allá de lo que tenía que correr quería ver si todo lo que había aprendido no solo era teoría. Debo reconocer que mi objetivo no eran 50 km, eran 63 km. Así que técnicamente esta es la historia de un “fracaso”, en algunos sentidos :D.

Así que decidí planificar la carrera. Lo primero no iba a comer carbohidratos, esto no era difícil porque ya me alimentaba así. Segundo: iba a llevar solo agua con sal en unas botellas pequeñas (de una riñonera) y agua sin sal en un camelbag. Tercero: quería ir viendo como se comportaban mis cetonas y glucosa durante la carrera así que me compré un glucómetro, el cuál también tenía que ir en la mochila. Cuarto: el día de la carrera solo me comería un huevo duro antes de comenzar (también llevé para el trayecto). Quinto: también llevaría sal en un frasco para untarla.

El día antes de la carrera tuve una conversación con mi entrenador y el me dio las recomendaciones. Yo nunca le dije formalmente lo que quería hacer así que con mi esposa dejé dicho que si me pasaba algo el quedaba libre de toda culpa :D. Dentro de sus recomendaciones una fue que llevara un pan con membrillo por si me faltaba azúcar. Como esto era un experimento y algo podía salir mal, también llevé un pan con miel y 3 plátanos.

El resultado de la carrera fue que llegué a los 50 km. A esa altura me dolían las articulaciones y sentí que ya no podía más. Aparte el asfalto (corrí por la 5 sur) había hecho mella en mis pies. Otro punto que no había tomado en cuenta era el peso de la mochila, ya que siempre en mis carreras anteriores iba sin peso. Todas las cosas que llevaba eran por lo menos 3 a 4 kilos y llevar eso durante 50 km también influyó. En resumen, creo que mi cuerpo aún no está preparado para carreras de más de 50 km, hay que seguir entrenando.

Cosas que observé.

  • Nunca sentí falta de energía, es más mis números muestran que la glucosa nunca bajó tanto.
  • Solo tomé agua sola y agua con sal
  • A los 30 km me comí otro huevo duro, el cuál pensándolo bien no lo necesitaba
  • Mi recuperación ha sido tan buena como la carrera anterior
  • Después de la carrera no sentí hambre. Es más, llegué a mi casa como a las 10:30 y pasé hasta el almuerzo
  • Nunca sentí que me iba a dar un calambre, ni nunca llegó
  • Mi mente se mantuvo clara todo el trayecto
  • Tomé mucha menos agua que en maratones anteriores (alrededor de 2 litros solamente)

Mis indicadores de glucosas y cetonas fueron los siguientes:

  • 106 – 0,2 – Al levantarme
  • 99 – 0,4 – 10 km
  • 102 – 0,6 – 20 km
  • 94 – 0,8 – 30 km
  • 86 – 2,6 – 40 km
  • 88 – 0,8 – 50 km

El recorrido fue Curicó – Puente Río Claro y vuelta

Como conclusión de mi experiencia saco lo siguiente:

  • No es necesario comer carbohidratos para correr largas distancias
  • Solo necesitas agua y sal
  • Es perfectamente posible correr largas distancias en ayunas
  • Un cuerpo cetoadaptado puede obtener glucosa de grasas, proteínas y lactato
  • La recuperación es más rápida.

Mi intención con este post no es enseñarle a la gente a comer o que cambien sus pautas alimenticias a raíz de mi experiencia. Tampoco quiero que vean que esto es una declaración de principios. Mi intención es invitar a científicos, atletas, empresas, gobiernos, etc, a enfocar de manera concreta y basada en ciencia sus esfuerzos por mejorar las pautas alimenticias de las personas. Especialmente en deporte que es donde este post va dirigido, no es necesario llenarnos de geles y bebidas energéticas para mejorar nuestros indicadores deportivos. No es posible que arriesguemos enfermedades como la diabetes e hipertensión con la excusa de mejorar rendimientos deportivos. Por favor, a los científicos, ahondar más en estos temas, buscar errores o mejoras en las dietas sin carbohidratos. Doctores, por favor, tomar la alimentación como algo fundamental en la mejora de la salud.

De antemano amigo si llegaste leyendo hasta acá te lo agradezco. Gracias por tomarte el tiempo de leer mi historia. Espero te sirva.

Muchas gracias.

4 comentarios en «T#39: el camino hacia mi primera ultramaratón sin comer carbohidratos»
  1. Buena Tuto! felicidades por tu 50k!
    Se ve interesante la dieta… suena rara eso sí. Veré si puedo experimentarla en algún momento.

    Creo que te falta más trabajo de fuerza y resistencia para seguir la senda del ultramaratón. Al menos eso he notado con los que conozco de ese mundo.

    Un abrazo que estés super!

  2. Muy buen post!!! Excelente experimento en ultradistancia, felicidades!!!
    Yo también estoy descubriendo las maravillas de este estilo de vida en el deporte y me encanta que ya no dependo de kilos y kilos de carbos. Al principio tuve el bajón de rendimiento, pero ya llevo casi 7 meses y ahora voy mucho mejor, y en cada salida al cerro quedo con ganas de seguir!!! Notable los niveles de energía mental.
    Saludos

  3. Muchas gracias por tu experiencia. No sabes cuánto me ha servido.
    Que tengas buen día.

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