Mi nombre es Christian Tralma. Hace ya 23 años fui diagnosticado como insulino resistente después de una serie de exámenes en donde aparte del alto colesterol tenía disparado los triglicéridos.

Me considero un buen paciente y bastante estricto. El endocrinólogo de aquel entonces me indicó la misma dieta de un DM1 y en los primeros meses bajé bastante de peso, así que me autorizó más arroz y papas a la dieta recomendada. Estuve con metformina y gemfibrozilo y después sólo dieta.

Con el transcurso del tiempo, los triglicéridos continuaron en alza llegando a más de 1.000. Nuevamente volví a los fármacos, esta vez con ciprofibrato, pero nunca logré llegar a los niveles considerados normales y también sentí (como a muchos que han pasado por esto) que los malos resultados me lo estaban endosando. Nunca fui gordo y con una estatura de 1,69 m lo más que llegué a pesar fueron cerca de 71 kg. Sí tenía abdomen distendido (ponchera cervecera) a pesar de no ser bebedor pero sí adicto al pan (ahora sé que el pan es igual a cerveza pero con otra presentación).

Me rebelé a seguir cumpliendo años con una calidad de vida que inexorablemente se deterioraba. No quería llegar a la tercera edad acarreando una mochila de medicamentos, con mis sentidos embotados y sin autonomía, algo que lamentablemente está muy normalizado en nuestra sociedad.

El 2017, por intermedio de una compañera de trabajo conocí el Método Grez. Con muchos cuestionamientos y cometiendo varios errores, aparte de la resistencia en el entorno familiar, me fui adentrando en el método y después en la ciencia que subyace detrás de este estilo. Fue la etapa de derribar los mitos, leyendas, cuentos y francas mentiras en los que la industria, los medios y los supuestos profesionales de la salud y nutrición nos han mantenido por décadas.

Para seguir profundizando en el tema comencé a participar en las redes sociales en busca de información. Un día me topé con un tweet de Diego Navarro que invitaba a participar de una comunidad en Telegram. Ingresé en enero de 2019 y encontré una comunidad apoyadora y leal, como una gran familia (con todo lo que eso signifique, a veces te retan otras te animan, pero al menos una familia nutridora). Gracias a esta comunidad entré a experimentar con los ayunos, a volverme más keto, a reencontrar los sabores reales de comidas reales y como corolario, encontrar profesionales de la salud completamente actualizados. Ahora me controlo con una de ellas.

Lamentablemente para este testimonio no tengo un antes y un después de aspecto físico que pueda mostrar, quizás no sea de alto impacto, pero hay temas que son personalmente motivadores. Mantengo mi estatura, estoy alrededor de los 65 kilos pero si bajé tallas. No a niveles espectaculares pero al menos notorios para mí. Sin embargo, son los números de los exámenes de sangre los que me dan cuenta de un gran cambio.

AÑOS
20132019
Colesterol Total264172
HDL3750
LDL84100
VLDL14321
Triglicéridos1107106

Aparte, la vitamina D está casi en 60 y en junio apenas llegaba a 18,5. De ser una bomba de tiempo ambulante, ahora me siento animado por mi condición de salud. Obviamente, mejoran muchos aspectos de salud y visualizados de una manera más integral hay cambios positivos en ámbitos como la sexualidad, condición física, sueño, estado de alerta, resistencia a resfríos, estado de la piel, digestión y un largo etcétera.

Para estar a un paso de cumplir 60 años, encuentro que estos valores son espectaculares y me considero un privilegiado, comparado con lo que desafortunadamente le ocurre a la gran mayoría de mis coetáneos.

Esto es y será un estilo de vida, absolutamente saludable y sostenible en el tiempo.

2 comentarios en «T#33: Cuando la procesión va por dentro»

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