Tengo 32 años, trabajo como desarrollador de software y soy padre de dos niñas hermosas: de siete y un año y medio. Desde la pubertad he tenido sobrepeso, siempre he sido ultra sedentario y muy flojo para hacer ejercicio, aunque me agrada caminar.

Un día llegando a mi trabajo el ascensor estaba malo, así que subí los cinco pisos de escaleras, al llegar arriba estaba completamente agotado y casi sin aire, tuve que ir al baño hasta que se me pasara y sentía que se me salía el corazón, «¡Hace cuánto tiempo no subía caminando por una escalera!, pero tampoco es tanto esfuerzo como para sentirme así de mal» pensaba. Ese fue el clic o la motivación que necesitaba para generar un cambio radical: si quiero ver a mis hijas crecer tengo que estar sano para ellas, y para mí de viejo también, no puedo seguir así de gordo y con este estado físico, ¿Cómo lo hago?

Mi papá es diabético y con un infarto a cuestas, mi abuelita con problemas al corazón y la presión de toda la vida, mi tata con los triglicéridos por las nubes y el resto de mi familia con sobrepeso, todos empastillados con cócteles para regular unas cosas y otras para suplir los efectos de las primeras. No quiero eso para mí, detesto las pastillas. ¿Habrá otra manera?

En la vida he ido a cuatro nutricionistas distintos que me han dado las mismas pautas de dietas bajas en calorías: montón de cosas light, sin azúcar y sin grasa, cereales, galletitas, frutas, comer cada dos o tres horas y por ende andar con muchos potes para las colaciones, hacer ejercicios. He seguido esas pautas al pie de la letra y claro, logré bajar de peso a costa de tener hambre constantemente y un genio que ni yo mismo soportaba, el gran problema es que al pasar los meses volvía a subir de peso, o peor, terminaba con más de lo que había empezado, desmotivado y sin saber cómo solucionarlo, abandonando las dietas y comiendo más aún. ¿Qué sentido tenía hacer esas dietas?

En la búsqueda de alternativas me topé con el Método Grez, así que le dí una oportunidad y leí el libro, de ahí muchas cosas me hacen sentido y lógica, siempre había tenido la interrogante de ¿Por qué tenemos que comer tantas veces en el día?, descubrí la razón en el libro: no es un «tenemos que», es como nos ha acostumbrado la sociedad nada más, así que me puse a investigar y estudiar un poco más para derribar los famosos mitos, en Twitter empecé a seguir a Diego, Josefina y Mañoso y todo estaba ahí, clarito, evidente y a la vista. Un día viernes en el supermercado decidí cambiar la lista de compras para tratar de bajar lo más posible los carbohidratos. ¿Funcionará conmigo?

Unos pocos días después de hacer el famoso «detox», que básicamente es dejar completamente los carbohidratos, sentí los beneficios: ánimo y energía a diario, nada de sueño ni hambre constante como antes, la hinchazón y pesadez desaparecieron. Ya han pasado dos meses así, con las vacaciones entre medio, y he aprendido a sentir al cuerpo e identificar que comidas me hacen mal, la ropa me queda más suelta, he tenido que mover dos hoyos del cinturón, me siento más liviano y tengo ganas de moverme y hacer cosas, dejé de roncar en las noches, mis alergias han disminuido (ya no tengo un sensor de proximidad con gatos en mi nariz) y he derribado un montón de mitos sobre nutrición y ayunos, al final me he dado cuenta que el «detox» pasa a ser un estado permanente porque volver a consumir carbohidratos tiene efectos negativos en mí, además que al ser estricto en eso se obtienen mejores resultados, también me he dado cuenta que estoy más despierto y uso mejor el cerebro, pienso más y entiendo más rápido. A diario aprendo muchísimo con el grupo Low Carb Chile, que ha sido un gran apoyo, fuente de inspiración y motivación para seguir con este cambio de hábitos y estilo de vida. Nunca lo tomé como una dieta porque para mi las dietas siempre han sido algo temporal, están asociadas a restricción y pasar hambre, pero ahora ha sido todo lo contrario: comer rico, gran cantidad y pocas veces en el día.

Ahora tengo energía y ganas para subir las escaleras de mi trabajo, incluso en el metro las prefiero sobre las mecánicas, puedo llegar arriba sin la lengua afuera ni sentir que no doy más. Puedo jugar, saltar y correr con mis hijas sin cansarme como antes, ese es el mejor beneficio y la mayor motivación para continuar una vida Keto por muchos años más.

Francisco Javier Ríos A.

Un comentario en «T#15: Benditas Escaleras»
  1. Estimado Francisco,
    Felicitaciones por tus logros y porque detrás de tus palabras se percibe una fuerte emotividad. Y no hay que olvidar que las emociones bien encauzadas, las de alta vibración son una muy buena ayuda. Un testimonio muy cálido.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.